Hogar
Penas, alegrías, risas, emociones, aburrimiento.... Mi boca se torna seca, explicándome a mi mismo el sitio al que un día llamé hogar.
Esbozo con cuidado una sonrisa recordando un significado ya extinto del lugar que se tornó metáfora en mis adentros, y digo con cuidado porque no consigo discernir si es la pena, la rabia o la nostalgia el motivo por el que sonrío.
Si que tengo claro que no es la alegría la que mueve mis labios, pues el tiempo la oxida y la transforma en este momento, en el motivo por el que escribo esto, incomprensible para mí porque no existió tiempo para poder comprender lo que fue.
Tal vez simplemente sepa que mi sitio ya no es este pero no tengo el coraje de admitir la fecha de caducidad que el destino impuso en mí en el momento de entregarme a él.
Recelo con energía el lidiar con la posibilidad de que aquí no se me está perdiendo nada excepto a mí mismo.
Y sonrío... Sonrío fuertemente al son de una lágrima fugaz que me acaricia la piel, recordando lo que todo esto me dio pero hoy me quita, tornándose en un dolor fundado por una experiencia que solo mis demonios internos comprenden a duras penas.
Tal vez algún día deje de sonreír, tal vez algún día sonría con el pecho, y tal vez algún día comprenda por qué en mis peores momentos sigo acudiendo al banco donde algún día me quitaste todas las penas.
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